Noches

Otro maravilloso día se apaga ante los ignorantes y ajetreados ojos de los hombres. El apuesto sol se esconde llevándose consigo toda luz que tanto calor ofrecía y que ocupados, como siempre, ignoramos hasta que ya es demasiado tarde. Nunca se echa tanto algo de menos como lo que fácilmente aparece y se esfuma. Ahora solo queda un vacío en mi interior.

Es medianoche. Calma. Oscuridad. Unas lágrimas caen del cielo estrellandose en tu cara. Resbalando por tus mejillas, dibujan un corazón que no tarda en evaporarse. Todo aquello que pudo ser no es más que aire, nada más. Nunca más.

No importa, la noche no tiene fantasmas para ti. Acurrucada en un rincón encuentras consuelo en sueños. Porque cuando la realidad no trae regalos viene la noche y te conviertes en la princesa de un cuento de hadas. Que se rompa el mundo, fingiremos que no pasa nada porque todavía quedan los sueños, cálidos como noches de verano. Todo va bien, siempre bien.

¿Olvidarte es difícil? No. Me da igual equivocarme, al fin y al cabo, suelo estropearlo todo a menudo. Somos así, distantes, fríos, desconocidos durante el día y tu, el sueño de cien noches de verano. Ya no importa ganar o perder. Tener o no tener. Ser o no ser. La partida ya terminó, y no me importa el resultado.
Casi ganar no cambia nada, perder lo cambia todo.

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